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Kim Ullan y la cítara ajaeng

#Al son de Corea l 2019-08-07

Al son de Corea


Todas las discapacidades físicas son difíciles de sobrellevar, pero para los antiguos coreanos la ceguera era la más grave. Esto se puede comprobar en el pansori “La canción de Sim Cheong”, que cuenta cómo Sim Cheong sacrifica su vida para devolverle la vista a su padre. En los tiempos de Joseon, los ciegos se mantenían recitando las escrituras budistas o leyendo la suerte. Si tenían talento para la música, los mejores eran contratados como músicos de la corte. Hubo un estudioso confucionista llamado Kim Ullan que perdió la vista después de pasar el examen gwageo para acceder a los cargos públicos. Como era noble y no podía dedicarse a leer la suerte, aprendió a tocar la cítara ajaeng. Llegó a ser tan bueno con este instrumento que Heo Gyun, el autor de “La historia de Hong Gil Dong”, escribió que Kim Ullan le arrancaba lágrimas a su audiencia porque parecía hablarles con las palabras cuando tocaba el ajaeng. 

“Sanjo de ajaeng” - Kim Il Gu:


Es frecuente que la gente confunda los sonidos del violín haegeum y la cítara ajaeng, ya que los dos se tocan frotando las cuerdas con un arco. El haegeum consiste en una caja de resonancia de bambú de forma redondeada y dos cuerdas de seda. Es pequeño y fácil de llevar a todas partes, y se lo toca en posición verticial. El ajaeng, en cambio, se parece al gayageum o al geomungo. Como estas cítaras, tiene una caja de resonancia de madera de paulonia de forma larga y rectangular, y las cuerdas son sostenidas por resaltos. También se diferencian por el tono: el haegeum produce un sonido más agudo, mientras que el ajaeng es más grave. De hecho, el ajaeng es el instrumento tradicional de cuerdas que produce el sonido más bajo, por lo que hace vibrar las fibras del corazón de quienes lo escuchan. El ajaeng debió proporcionarle un gran consuelo a Kim Ullan. Si hubiera nacido ciego, probablemente hubiera aceptado su destino fácilmente, pero el mundo que conocía quedó en la negrura más absoluta de la noche a la mañana. Podría haberse dejado llevar por la desesperación y el resentimiento, pero se entregó al ajaeng, que le brindó alivio y compañía. 

“Sanjo de ajaeng con cuerdas de metal” - Yoon Yun Seok


Se cuenta que Kim Ullan estaba tocando el ajaeng junto a los muros de un santuario abandonado. Un rato después se oyeron unos sollozos que venían de las ruinas. Eran los fantasmas que lloraban conmovidos por su concierto. Por su parte, el renombrado erudito confucionista Yulgok Yi I compuso este poema para elogiar el talento de Kim Ullan: “Sorprendido por los sones del ajaeng / que venían del templete vacío, me quedé en suspenso. / Según se movían las manos, las cuerdas sonaban / como un arroyo sollozando en lo profundo del monte, / como un grillo cantando sobre una brizna de pasto una madrugada de otoño, / como un manantial que fluye incansable de las rocas. / Escuché ahuecando la mano junto a la oreja / y el sonido del instrumento reverberó largamente./ Este encuentro casual en medio de la noche / hizo estremecer mi corazón con viejos recuerdos. / Dejé la copa sobre la mesa y miré hacia la lontananza. / Solo vi la luna brillante colgada bien alta sobre el cielo sin nubes.” 

“Regocijos de la luna” - Conjunto Sinawi

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