Mientras Corea del Norte pone como precondición para reanudar las negociaciones la retirada de las políticas hostiles en su contra, enfatiza enérgicamente la suspensión de los entrenamientos militares conjuntos entre fuerzas surcoreanas y estadounidenses.
En este contexto, la atención actualmente se centra en saber qué pasará con las maniobras previstas para agosto, considerando la reducida envergadura del ejercicio de marzo por la crisis del COVID-19. Algunos afirman será posible efectuar un ejercicio de campo de gran magnitud por los avances de la campaña de vacunación, mientras otros se muestran a favor de cancelar o reducir las maniobras para persuadir a Corea del Norte y reactivar el diálogo.
Estados Unidos también valora modificar el entrenamiento conjunto. Al respecto, el nominado a comandante de las fuerzas estadounidenses en Corea del Sur, Paul LaCamera, declaró el pasado 18 de mayo ante el Senado de su país, que si bien un ejercicio de campo es mucho mejor que un entrenamiento simulado, cree que esa opción puede ser una carta de negociación decisiva.
La postura de las autoridades de Seúl es similar pues, en un reciente programa de actualidad, el ministro de Reunificación, Lee In Young, abogó por políticas más flexibles, implicando que no desea que los entrenamientos surcoreano-estadounidenses intensifiquen la tensión en la península coreana. Sin embargo, también pidió flexibilidad a Corea del Norte, enfatizando la necesidad de analizar otros asuntos relevantes, como la demanda militar de ensayos para preparar el traspaso del mando militar de Estados Unidos a Corea del Sur.