Mientras el mundo sigue con nervios el conflicto entre Rusia y Ucrania, Corea del Norte probó otro misil balístico el domingo 27 por la mañana.
El Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Corea del Sur confirmó el ensayo, detallando que el proyectil fue lanzado hacia el Mar del Este, alcanzó una altura de 620 kilómetros y recorrió unos 300 kilómetros, aunque se estima fue un misil de alcance semi-intermedio, que hubiera realizado una trayectoria hasta de 2.000 kilómetros de haber sido disparado desde un ángulo normal. Las autoridades militares surcoreanas analizan así que debió ser un misil similar en característica al Pukkuksong-2, que Pyongyang probó en dos ocasiones en 2017, pero de un alcance menor que el misil balístico Hwasong-12 del ensayo del 30 de enero.
La opinión generalizada es que el propósito del reciente ensayo es presionar tanto a Estados Unidos, que está ocupado con la crisis de Ucrania, como a Corea del Sur que dentro de poco celebrará elecciones presidenciales.
En este contexto, Cheongwadae convocó el domingo 27 con carácter de urgencia una reunión del Consejo de Seguridad Nacional, donde los presentes reprobaron la prueba balística norcoreana, afirmando que no es para nada deseable que el régimen de Kim Jong Un provoque de esa manera, mientras la sociedad global se esfuerza por encontrar una solución a la guerra en Ucrania.