La visita presidencial a Tokio ha generado una oleada de críticas contra el presidente Yoon Suk Yeol y su administración, pues califican de "humillante" la diplomacia de Corea hacia Japón.
Durante el fin de semana varias protestas de oenegés y grupos civiles condenaron la ineptitud del actual Gobierno y urgieron a cancelar el plan de indemnizar a las víctimas de explotación laboral durante el colonialismo con aportaciones de terceros. Incluso algunos les acusaron de "vender la historia de Corea y el orgullo de la población a Japón", país que ni se disculpa ni reconoce los crímenes del pasado.
En cuanto al plan de indemnización, señalaron al Gobierno por ignorar los derechos humanos de las víctimas y los dictámenes del Tribunal Supremo, además de dar impunidad a los explotadores.
Consideraron humillante el resultado de la cumbre entre los mandatarios surcoreano y japonés, pues Seúl no obtuvo nada pese a aceptar exigencias de Tokio como normalizar el acuerdo GSOMIA de intercambio de inteligencia militar o frenar el procedimiento de resolución de conflictos ante la OMC sobre las restricciones impuestas por Japón a la exportación de bienes estratégicos a Corea del Sur.