El Consejo de Seguridad de la ONU celebró el lunes 17 (hora de Nueva York) una sesión sobre el nuevo misil balístico intercontinental de Corea del Norte, pero finalizó sin avances.
La reunión fue convocada a petición de Estados Unidos, Corea del Sur y Japón tras el primer ensayo balístico intercontinental norcoreano de combustible sólido, bautizado como Hwasong-18.
Linda Thomas-Greenfield, embajadora estadounidense ante la ONU, condenó el reiterado incumplimiento de las resoluciones del Consejo de Seguridad por parte de Pyongyang, y urgió a la comunidad internacional a unirse contra los ensayos balístico-nucleares de Corea del Norte, pues no solo suponen un riesgo regional sino mundial. Enfatizó que si la ONU sigue sin adoptar medidas, el Norte continuará con sus actividades ilegales.
La mayoría de integrantes del Consejo de Seguridad, incluidos Reino Unido y Francia, también mostraron preocupación al respecto, salvo China y Rusia que mantuvieron su oposición a nuevas medidas.
Zhang Jun, representante de China ante Naciones Unidas, intentó justificar el ensayo balístico intercontinental señalando que Estados Unidos provocó nerviosismo en el régimen norcoreano por sus maniobras con portaaviones y bombarderos B-52. En la misma línea, el embajador ruso Vassily Nebenzia declaró que las sesiones del Consejo de Seguridad no deben servir como propaganda política y que las sanciones adicionales a Pyongyang ignoran la desesperada situación de Corea del Norte, además de ser ilegítimas y arbitrarias.
Al mantener China y Rusia su apoyo a Corea del Norte el debate concluyó sin avances.