El líder norcoreano, Kim Jong Un, asistirá en Beijing a las celebraciones por el 80º aniversario de la victoria de China sobre Japón, en lo que será su primera participación en un acto multilateral desde que asumió el poder.
Hasta ahora, el dirigente había limitado su agenda a contactos de carácter bilateral y nunca había tomado parte en foros internacionales colectivos.
Según distintos analistas, Corea del Norte busca anticiparse a un eventual debilitamiento de sus lazos con Rusia una vez finalice la guerra en Ucrania y pretende aprovechar la visita a China como una oportunidad para reimpulsar la relación con su principal aliado histórico.
El gesto también refleja la preocupación de las autoridades norcoreanas ante el estrechamiento de la cooperación entre Corea del Sur, Estados Unidos y Japón, que en las últimas semanas han intensificado sus vínculos militares y diplomáticos.
Al mismo tiempo, el acercamiento a Beijing es interpretado como una maniobra estratégica destinada a reforzar la posición de Pyongyang de cara a unas posibles negociaciones con Washington, en un contexto en el que tanto la Casa Blanca como el Gobierno surcoreano han reiterado su disposición a retomar el diálogo con el régimen.