ⓒ gettyimagesbankA muchos extranjeros que visitan Corea les llama la atención que, al subir a un ascensor, no encuentren el botón del cuarto piso, sino una “F” —del inglés ‘four’—. Puede parecer un detalle sin mayor importancia, pero en realidad revela una superstición muy arraigada en la cultura coreana, ligada a un curioso vínculo lingüístico.
En coreano, el número cuatro se pronuncia “사” (sa), exactamente igual que el carácter chino “死” (sa), que significa “muerte”. Esa coincidencia convierte al número cuatro en un símbolo incómodo que muchos prefieren evitar.
Este fenómeno se conoce como tetrafobia, es decir, el temor o rechazo al número cuatro. No es exclusivo de Corea: en Japón y China, donde existe la misma relación fonética, la influencia cultural es muy parecida.
En Corea, esta aversión se refleja sobre todo en el diseño de ascensores. En muchos edificios —especialmente hospitales o lugares sensibles a la idea de la muerte— el número 4 se sustituye por la letra “F” o, directamente, se pasa del piso 3 al 5. En hospitales, la omisión es casi norma: se busca evitar cualquier referencia que pueda inquietar a pacientes o visitantes.
En el sector inmobiliario, los pisos que incluyen el número cuatro suelen tener menos demanda y, en el pasado, incluso se vendían a precios más bajos. En muchos complejos residenciales, el cuarto piso se destina a zonas comunes no habitables, como si así se “neutralizara” su mala fama. Y si hablamos de números, la combinación 44 es aún más problemática, pues se interpreta como “doble muerte”.
La superstición también alcanza los regalos y el dinero. Es habitual evitar que un obsequio incluya cuatro piezas, o que la suma entregada en efectivo sea de 40.000 o 400.000 wones. En su lugar, se opta por cifras como 30.000, 50.000 o 100.000 wones.
Incluso las marcas y productos evitan, en ocasiones, lanzar una “versión 4” de sus modelos. Y en la cultura popular, el concepto de “maldición del 4” aparece en relatos, competiciones deportivas o titulares de prensa.
Aunque las generaciones más jóvenes ven esta práctica como una curiosidad cultural más que como una superstición real, la costumbre de evitar el número sigue presente. Aún hoy influye en la elección de matrículas de coche, números de teléfono o direcciones.
Como ven, un simple sonido puede cargar de significado a un número y moldear desde el diseño de un edificio hasta las decisiones de compra. Así que, si un día visitan Corea y el ascensor de su hotel pasa directamente del tercer al quinto piso, no se alarmen: no es que se hayan saltado un nivel… simplemente, han preferido darle otro nombre para evitar cualquier connotación negativa.